lunes, 18 de diciembre de 2017

El adiós onírico de Victoria.

El pálido rostro de Victoria apreció frente a él, sin dejar tiempo para la meditación. La veía tal y como la recordaba: de ojos profundos y misteriosos, que parecían albergar todos los misterios de su propio universo que jamás le serían revelados al ajeno, de sonrisa torcida y burlona, pelo despeinado y corto y los cachetes siempre un poco más rojos que el resto del cuerpo. Hermosa e inalcanzable, como siempre le había parecido.
-¿Qué hacés acá?-Le preguntó Felipe, sabiendo que era un sueño desde el instante mismo en el que había clavado sus ojos en los de ella.
-Te extraño-Susurró.
Él sintió que su corazón se partía al comprobar que la voz de la Victoria-onírica era la misma que la de la Victoria-real. Aun sabiendo que estaba todo en su cabeza, que esa no era una parte de su ex novia sino una parte de él mismo que había decidido metamorfosearse en su mayor deseo, sintió cierto alivio al escuchar esas palabras. Él también la extrañaba; la extrañaba más de lo que era humanamente posible extrañar alguien, más de lo que era físicamente posible soportar, y una pequeña parte de su subconsciente había temido que ella no lo extrañase a él. Era un tanto ridículo, pero Felipe sabía que aunque estuviese en el mismísimo Inframundo, en su cabeza quedaría espacio para extrañar a Victoria. Tal era la enormidad de su amor. Y, como siempre había hecho, esperaba que ella sintiese e hiciese lo mismo por él.
-Yo también te extraño, Vic.
Quiso correr y envolverla entre sus brazos, sentir el calor que siempre emanaba su cuerpo y no soltarla hasta que el sol le privase de su presencia nuevamente, mas no se atrevió por miedo a no poder alcanzarla y sentirla más lejos de lo que ya le parecía. Ella, como siempre, pareció leerle el pensamiento y a paso lento se acercó a su lado, acariciándole la mejilla con la mano derecha. La sintió. Fría, pero real. Fría, pero cercana. Fría, pero Victoria. Envolvió su mano con la de ella y las dejó allí, junto a su mejilla, embebiéndose de su perfume y de sus ojos, como había hecho tantas veces antes.
-¿Por qué me dejaste, Victoria? Pensé que habíamos dicho que íbamos a estar juntos siempre.
-No, Felipe, vos dijiste eso. No yo. Te dije que el “para siempre” no existe y no quisiste escucharme. De todas formas, yo siento que te di mi para siempre, mi infinito.
-Pero decidiste irte, no es algo que sólo sucedió. Decidiste que todo terminara y me dejaste solo para aprender a lidiar con tu ausencia sin ni siquiera una advertencia.
-Te di muchas advertencias, Felipe. Te di más señales de las que podría haber lanzado y vos elegiste no captar ninguna. No me pongas en el papel de la villana, otra vez.
Felipe soltó un suspiro y decidió dejarlo correr: no quería pelear con Victoria en el único momento en el que podía evocar sus rasgos con completa nitidez, sin que estos fuesen sufriendo el deterioro y desdibujamiento del paso del tiempo.
-¿Te voy a volver a vez alguna vez?-Le preguntó, en lugar de seguir con las recriminaciones.
-Me estás viendo ahora-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-Lo sé, pero en cualquier momento voy a despertar y encontrarme cara a cara con la realidad, en la cual ya no puedo evocar la totalidad del color de tus ojos. No quiero olvidarte, Vic.
Antes de responderle, ella le tomó la cara y le dio un beso, momento en el cual Felipe advirtió el significado de lo que vendría a continuación.
-Eso es justamente lo que vine a decirte-Dijo Victoria-Tenés que olvidarme, Feli. Tenés que seguir adelante. Yo no voy a volver, y vos no podés estar toda tu vida esperando a una ilusión. Me reemplazaste en el rol de eterno perseguidor de quimeras, y déjame decirte que no es algo agradable.
-Entonces, ¿me hiciste recordarte para decirme que tengo que olvidarte?
-No, querido, vos me recordaste para poder olvidarme. Necesitabas un cierre, un adiós, y acá estoy.
-Supongo que tenés razón.
Se miraron a los ojos, por última vez, y Felipe la abrazó con tanta fuerza que sintió miedo de romperla. Cuando se separaron, Victoria sonrió.
-Te amé como no amé nunca a nadie en este mundo, Felipe. Nunca dudes de eso.
-Yo también, Vic, yo también. Te sigo amando.

-Adiós.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Y en la inmensidad de la noche, sentía que comprendía. Sentía que su existencia cobraba sentido; se sentía respirar y a su corazón latir, por primera vez; se sentía ser y se sentía sentir. Caminaba por calles oscuras y desiertas, sintiéndose aturdida por los alaridos triunfantes que emitía su conciencia, sonriendo como nunca antes. Miraba el cielo, y sentía que lo veía nítido; se encontraba descubriendo a las estrellas y a la luna como entes alcanzables. Asía la libertad con una mano (en un agarre casi paradójico), mientras que con la otra iba tocando los edificios por los que pasaba.  Acariciaba postes, paredes, autos, con el solo propósito de sentir, de tener la certeza de su estadía sobre la realidad.

De pronto, abrió los ojos; soltó la lapicera (porque escribir con lápiz le parecía signo de debilidad) y volvió a su cama, guardando en su mesita de luz los clichés y las imágenes ya hechas que volvería a usar en su próximo escrito, sin saber cuál de esos  momentos, si la libertad callejera y el cielo alcanzable o el papel y la lapicera bajo la sombra del encierro, era real. ¿Por qué no ambas?

sábado, 11 de noviembre de 2017

Querida Victoria,

Hay tantas cosas que quise decirte y nunca supe cómo poner en palabras; tantas cosas que quiero decirte, en realidad. Tiempo presente. No puedo evitar preguntarme cómo habrían terminado las cosas, cómo habríamos terminado nosotros, si hubiese podido decirlas en su momento. No soy idiota, sé que jamás me hubieses correspondido, pero quizá lo hubieras pensado dos veces antes de hacer lo que hiciste. Quizá si hubieses sabido que por lo menos una persona aún te era fiel, que te amaba incondicionalmente, no lo hubieses hecho. ¿Me siento culpable o responsable por lo que te pasó? No, definitivamente no. ¿Considero que podría haber hecho algo para evitarlo? Haber aprendido a leer mejor tus reacciones, creo. Pero, lo hecho, hecho está: vos te fuiste y yo fui un cobarde que nunca tuvo las agallas suficientes como para decirte que te amaba. Qué pareja. En fin, por lo menos sé que ahora, estando ebrio, habiendo pasado horas mirando una de las únicas fotos que teníamos juntos y llorando como nunca creí posible llorar, puedo decir lo que siento. ¿Te acordás cuando me decías que era mejor sufrir por amor que vivir sumido en el letargo de la monotonía cobarde? Elegí la segunda, y ahora estoy pagando las consecuencias. Tenías razón.

domingo, 29 de octubre de 2017

El eterno y sordo por qué.

A veces, me siento a mí misma como simple espectadora de sus acciones. Me encuentro con reacciones que condeno en el ajeno siendo ejecutadas sin tiempo para la meditación, y escucho la voz de quien podría ser llamada mi conciencia gritándome un eterno y sordo "por qué". Juro que trato de responder, pero todo vuelve a girar en torno de la inercia. Supongo que la solución ideal sería acallar el incesante grito y entregarme al inerte sinsentir, al monótono sinpensar. ¿O debería hacer lo contrario y escuchar el cuestionamiento de la voz?
Que alguien la calle por favor, me duele la cabeza.

Vivir en el escape.

Vivir intentando escapar constantemente. Escapar de conversaciones, de personas, de emociones, de situaciones, de etapas, incluso de nosotros mismos. Vivimos momentos meditando cómo vamos a relatarlos después; nos desligamos del presente para abrazar el inexistente futuro y tergiversamos lo vivido por no recordar cómo sucedió. Escapamos, huimos, nos abstraemos.

¿Y si ese es en realidad el fin de la vida? El escape. En ese caso, todos alcanzaríamos ese aparente objetivo universal: todos terminamos huyendo. Aunque, ¿qué pasa si, por el contrario, nunca alcanzamos a vivir por estar tan aferrados a ese escape? ¿Entonces, qué? Sumidos en la incertidumbre, otra vez. Y yo sigo intentando encontrar las respuestas en el humo.

miércoles, 4 de octubre de 2017

¿Cómo hacer para que coincidan ideología y accionar? O, para ser más específica, ¿cómo hacemos para dejar de adherir a ideologías (por ponerle un nombre) que sabemos no vamos a implementar? Una vez abiertos los ojos, no hay vuelta atrás, no hay forma de volverlos a cerrar. Los colores y las formas se presentan frente a nosotros sin que podamos siquiera considerar volver a la negrura y espesor del abismo. Nos sumen en una toma de consciencia, en un saber o conocer que nos agobia, porque ¿qué peor que moverse por inercia cuando uno ya es consciente de su propia alienación?

martes, 12 de septiembre de 2017

Romper las cadenas de la Alienación

Su mayor sueño era lograr conseguir el valor suficiente como para empezar a vivir. Le tenía miedo hasta a su propia sombra (quizás porque su mayor miedo era él mismo) y su inseguridad era su único carcelero. De a poco, fue muriendo la gama de posibles espontaneidades que su ser podría haber albergado. Mató a su propia espontaneidad. ¿Para qué? Por el puro placer de girar en sintonía con el resto de las partes de la máquina.